In vitro: un futuro posible para la avicultura

In vitro: un futuro posible para la avicultura

Jean Scheijen | Freeimages.com

Crecen las noticias sobre el avance de las proteínas animales producidas en laboratorio. ¿Cómo quedaría el negocio avícola si se consolida tal revolución?

De plumas de pollo metidas en un “pequeño biorreactor” se producen nuggets de pollo en dos días. Así lo aseguró un reporte de la BBC esta semana, citando a directivos de la firma estadounidense Just, lo que revivió otra vez preguntas sobre el porvenir de la avicultura comercial ante tamaña disrupción tecnológica.

Cada noticia de este tipo, en los últimos cinco años, parece mostrar avances indudables que prometen un gran revolcón en el negocio cárnico con el fin de producir muchísimo más con muchísimo menos, y sin las incómodas cuestiones éticas que hoy enrarecen las metas de sostenibilidad (aunque con seguridad nuevos peros reemplazarán a los viejos).

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La firma Just no es un caso aislado. Están Memphis Meats (también carne de pollo), Perfect Day (lácteos sintéticos), Clara Foods (huevos de laboratorio) y Supermeat (igualmente con el pollo).

Dependiendo de cada empresa, este año o el próximo estarán disponibles dichas proteínas animales cultivadas en restaurantes de élite en el llamado primer mundo y, en otros tres años (de 2023 en adelante), se podrían comprar allí en supermercados con precios más altos que las carnes tradicionales, pero que se irían equiparando inevitablemente con el tiempo.

¿Significa esto el fin de la industria avícola?

No parece, pues igual se seguirían necesitando pollos y gallinas para que suministren las células base que serán reproducidas “en laboratorio”. Obviamente, se demandarán menos animales, pero estos deben criarse con los mismos criterios de calidad, sostenibilidad, eficiencia, sanidad y bienestar que hoy ostentamos.

Y si bien las condiciones de producción de estas proteínas de laboratorio no se conocen del todo por ser parte de patentes en desarrollo y mejoramiento constante, es de suponer que debe haber una vida útil para esas aves donantes, por lo cual, en algún momento, se debe disponer de su sacrificio y procesamiento. Quién sabe, a lo mejor, a la vuelta de unas décadas, esa carne “tradicional” resulte siendo el producto prémium y no la carne sintética, en serie y barata.

Eso lo prevén las actuales multinacionales del negocio cárnico como Tyson Foods, que financian estos emprendimientos. De igual manera, hay que tener en cuenta que faltan otras variables para que esta innovación tecnológica sea exitosa, como la inocuidad comprobada por parte de las autoridades sanitarias, al igual que la respuesta del consumidor final, quien en últimas resulta moldeando los mercados.

Además, los avances en estas carnes de laboratorio todavía no reproducen fielmente la experiencia gustativa y en textura del producto tradicional. Tal es así que, para disminuir la diferencia, los empresarios que lideran estos avances reconocen que agregan grasas animales y colorantes a sus proteínas sintéticas.

Es un futuro posible, que hoy parece más un radical y nuevo eslabón para la cadena actual que el fin del mundo para lo que ha logrado construir la avicultura con décadas de investigación, innovación y desarrollo tecnológico.

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