¿Arderá también el mercado del maíz y la soya?

¿Arderá también el mercado del maíz y la soya?

¿Arderá también el mercado del maíz y la soya?

(Markus Spiske | Rawpixel.com)

Con millones de ojos indignados puestos en los incendios de la Amazonia, los granos cultivados en ese mar verde podrían dejar de ser atractivos, por lo menos durante un tiempo.

De seguro les está pasando a ustedes también. A mis cuentas en redes han llegado esta semana llamados histéricos y otros más sensatos sobre la grave tragedia generada por miles de incendios en las selvas amazónicas, los cuales comprometen a casi todos los países de la megacuenca, pero principalmente a Brasil y a Bolivia.

De todos esos bien intencionados mensajes me llamó la atención una seguidilla de un viejo conocido que empezó con un: “Tenemos que reaccionar ante esta catástrofe ambiental. Es infame seguir la vida como si nada mientras la amazonia arde y muere”. Está bien la cosa, aunque un poco extrema para mí, que soy inmune al “buenismo” de la empatía gratuita y espontánea a la que parece obligar cualquier coyuntura dramática.

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La escalada de esos mensajes empezó a subir y llegó hasta donde al parecer quería el remitente: “No son oraciones solamente lo que necesita nuestra amazonia, ayer leía que al no comer carne de vaca influyo directamente en que no se necesite tumbar más selva para convertirla en más pastos para el ganado”.

¡Bingo! El crecimiento del 83% en los incendios de temporada en la amazonia es y será aprovechado políticamente por grupos de interés. Inevitable, y el dedo acusador apuntará otra vez hacia los culpables de siempre: los ricos, occidente, los ambiciosos agroindustriales, la hegemonía del hombre blanco y sus malsanos hábitos, el patriarcado capitalista, en fin.

Es claro que lo sucedido no es normal, algo nuevo pasó o tuvo que haber pasado. Novedoso en la ecuación es el gobierno de Jair Bolsonaro, presa predilecta de los mencionados grupos de interés, los mismos que no hicieron demasiada bulla cuando la presidencia brasileña fue de izquierda durante varios periodos, coincidentes con la gran expansión agropecuaria que hizo del gigante suramericano la despensa mundial que hoy es.

En esa mirada prejuiciosa se ha destacado, por ejemplo, que el presidente boliviano Evo Morales facilitó un avión tanque para ayudar en las labores, pero nada se dice que desde el año pasado él mismo incentivó vía decreto la expansión de la frontera agrícola en el oriente del país, en su porción amazónica, en lo que se conoce como la Chiquitania boliviana.

Las impresionantes tomas satelitales muestran un ancho corredor de fuego entre Bolivia y Brasil, lo que desmiente que se trate de un problema de derechas o izquierdas, de capitalismo o socialismo del siglo XXI. A lado y lado se ve igual de feo: selva talada o quemada para sembrar más granos, para alimentar más animales (cerdos, reses, aves) que alimentan al mundo.

Esta semana he recordado un montón a los amigos de la USSEC (US Soybean Export Council) y de su organización hermana US Soy. En los últimos seis eventos avícolas a los que he asistido en lo que va del año, siempre están ellos promocionando las ventajas medioambientales de la soya de Norteamérica, donde la devastación de sus bosques primigenios fue hace mucho, cuando no había satélites, internet ni una sociedad global y políticamente correcta.

Hablan merecidamente de sustentabilidad en sus cultivos y tienen sólidos argumentos para defender tal condición. Ahora tienen además un dramático evento que hace ver más atractivo su sólido discurso. El mercado seguirá premiándolos por ello. Hora de seguir cosechando.