Bacterias en vez de soya, ¿nos llevan al futuro de Buck Rogers?

Bacterias en vez de soya, ¿nos llevan al futuro de Buck Rogers?

La empresa finlandesa de tecnología alimentaria Solar Foods desarrolla innovaciones para la producción de alimentos a nivel mundial. Tiene una solución biotecnológica llamada Solein, que permite "la producción natural de proteínas en cualquier lugar mediante el uso de aire y electricidad", indica la compañía. (Cortesía de Solar Foods)

La biotecnología eleva su reto al negocio alimentario actual: en cinco años promete ofrecer una alternativa viable y ecológica a los extensivos cultivos de la oleaginosa.

No solamente quieren que no haya más proteína de origen animal que sea utilizada como alimento para humanos; tampoco habría de origen vegetal, por lo menos como la conocemos hoy y en su variedad más difundida. Lo que se anuncia como proteína del futuro la fabricarían bacterias alimentadas con hidrógeno generado por electrólisis inducida mediante energía eléctrica renovable (eólica o fotovoltaica).

Este ambicioso proyecto reseñado recientemente por la prestigiosa BBC se gesta en Finlandia y desde esas tierras donde la disrupción parece maleza aseguran que, en fechas tan cercanas como 2025, se estaría produciendo proteína de calidad sin necesidad de criar animales (por lo menos pluricelulares) ni de cultivar millones de hectáreas. Y lo más inquietante, ese alimento será capaz de competir con la soya en precio.

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De acuerdo con Solar Foods, el polvo proteico Solein es “neutro en sabor y apariencia” y tiene la capacidad de agregar valor nutricional a cualquier comida. (Cortesía de Solar Foods)

Si en algo se entendió el título de este comentario, es usted un cuasi cincuentón o cincuentona que, como yo, recuerda con cariño su niñez. ‘Buck Rogers en el siglo XXV’ fue una serie televisiva estadounidense que de 1979 a 1981 recreaba las peripecias de un personaje del género literario de ciencia ficción que apareció mencionado por primera vez en un impreso de 1928.

(Drümmkopf | Flickr)

En uno de los capítulos que más recuerdo, Buck Rogers (un héroe del siglo XX que “hiberna” cinco siglos para despertar en el año 2419) se ve varado en un planeta salvaje en compañía de sus nuevos amigos de la centuria 25, quienes se escandalizan cuando nuestro coetáneo caza y prepara en barbacoa algo parecido a una gallina galáctica.

“Jamás comería algo que acabo de ver correr… extraño mi disco nutritivo”, se quejaba amargamente uno de los personajes de ese capítulo. Con la noticia científica mencionada párrafos atrás, me conecté de inmediato con ese lejano recuerdo televisivo y un sentimiento de desolación me embargó.

Es algo que va más allá de la inminente y poderosa competencia para la agroindustria de la actualidad, por lo menos en términos de conveniencia planetaria y realismo económico. Sí, es claro que ese mismo desarrollo podría beneficiar a la avicultura, que reemplazaría soya por nueva proteína. Quizás pase eso y nada más, o solo sea una fase previa a un estadio como el vivido por Buck Rogers, para lo cual se necesitarán décadas o siglos.

Aparte del carácter premonitorio del arte, ampliamente reconocido, con estas reminiscencias no dejo de sentir un escalofrío al pensar que algo tan humano como el gusto gastronómico, que define nuestra cultura y preferencias personales, posiblemente pierda en nuestros descendientes toda la riqueza que hoy tiene. “No quiero un disco nutritivo; extraño el estofado de pollo como el que hacía mamá”, diría yo estando en las botas de Buck.