Europa, coqueta esquiva para el pollo latinoamericano

Europa, coqueta esquiva para el pollo latinoamericano

(Royalty Free Image | Rawpixel.com)

Es demasiado evidente que la Unión Europea no desea que nuestra carne aviar se comercialice allí, ¿vale la pena seguir peleando por entrar donde no nos quieren?

En junio pasado, luego de 20 años (¡sí, dos décadas!), la Unión Europea anunció que por fin liberaría una parte del comercio agropecuario entre ese bloque y Mercosur, esta última la asociación económica y aduanera conformada por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay.

Dentro del nuevo acuerdo intercontinental, se destacó en su momento un contingente anual para importación de pollo suramericano con cero arancel de apenas 180,000 toneladas; sin duda, una cifra ridícula que sería fagocitada mayoritariamente por el gigante brasileño, que ya exporta allí y a pesar de tantas trabas unas 500,000 toneladas/año.

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Medio millón de toneladas de pollo brasileño suena impresionante, pero en realidad es solo el 13% de las exportaciones totales de esta carne. Más del 75% se destina a mercados asiáticos, donde no hay contingentes limitados y están ávidos de proteína animal de calidad que palie la escasez causada por la epidemia de peste porcina africana (PPA).

Hace menos de dos semanas, la Comisión Europea informó que realizará una nueva evaluación del acuerdo con Mercosur, esta vez alegando los efectos de la salida del Reino Unido de la UE —el llamado brexit—, prevista para este 31 de octubre.

Es decir, se paraliza lo que en realidad nunca empezó por falta de reglamentación, que también avanza lenta, muy lenta, y lo harán casi tres años después de saber que los ingleses dijeron sí al brexit. Suena más a otra excusa para tratar de contener las presiones de los productores pecuarios europeos que piden más proteccionismo.

Igual canción se escucha de fondo en las periódicas suspensiones de importaciones alegando razones sanitarias. Europa no es y no quiere ser el destino soñado de los avicultores latinoamericanos, ni siquiera para el más poderoso de ellos. Brasil exporta 3.8 millones de toneladas de pollo y el que le sigue, Argentina, apenas llega a 270,000 toneladas.

Unos y otros tienen más posibilidades probadas de éxito en otros mercados del Viejo Continente en los que la necesidad es grande y las restricciones pocas o por lo menos, manejables. Además, sus controles se amoldan al modelo más eficiente de producción, que incluye, por ejemplo, el uso de ácidos bactericidas para el pollo procesado, el cual siguen sin ser tolerado por los europeos.

Demasiados requisitos para un premio que se antoja relativamente magro en lo económico, aunque no deja de ser interesante en términos de simbología geopolítica (Brasil reclama su peso específico en el mundo).