¡Dinamita para mi galpón de ambiente controlado, che!

¡Dinamita para mi galpón de ambiente controlado, che!

¡Dinamita para mi galpón de ambiente controlado, che!

Foto de Benjamín Ruiz

Los tiempos de prosperidad artificial terminaron para cientos de avicultores argentinos, quienes puestos hoy de cara a condiciones más reales del mercado maldicen lo que engendró el populismo económico.

En Argentina, la agroindustria está aprendiendo a ser más sostenible; lo hace por el camino duro de la supervivencia económica, no tanto por la convicción ambiental. Y eso en sí es algo bueno, mucho, como una dura lección que termina calando luego del dolor y sufrimiento.

Pero, ¿a qué me refiero en específico? A los costos de los insumos, que durante una década permanecieron ridículamente bajos, de manera ficticia, gracias a los subsidios oficiales que ya no pueden sostenerse, lo que tiene a este gran país afrontando de nuevo otra crisis económica y social.

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Dos gobiernos populistas de izquierda crearon una burbuja confortable que no podía durar. Durante años, se ordenó a los cultivadores gauchos retenciones importantes en maíz amarillo y soya, lo cual hizo que los precios internos fueran demasiado bajos, casi despreciables en la estructura de costos.

Se trataba del sueño de cualquier avicultor en un mundo de mercado libre. A esa enorme prebenda se sumaban valores altamente subsidiados en los combustibles y la energía eléctrica. Todo parecía posible y se actuó en consecuencia.

Cientos de galpones de ambientes controlados fueron levantados en los campos de las provincias argentinas de mayor tradición avícola, como Entre Ríos y Buenos Aires. ¿Y qué, si la energía era regalada? Ah, y la informalidad, que no es poca, ayudaba a conseguir pollitas y pollitos de un día a buen precio.

El recreo se acabó y toca pagar por la fiesta. Se liberaron las retenciones y el precio de los granos se equiparó al mercado global. Las tarifas energéticas y la nafta (como le dicen allá a la gasolina) se sinceraron, aunque no del todo. Podría ser más, pero el actual gobierno, tan responsable como impopular, quiere terminar su periodo y tal vez ir por la reelección.

Las cuentas son ahora las que son. Por lo menos en huevo, la mitad de la producción se hace hoy en ambientes controlados. Argentina está reencontrando el camino de la realidad económica y eso cuesta. Se racionalizará la producción, y los precios del pollo y el huevo subirán; eso se espera.

“Sé que las cosas están costando lo que deben costar, pero después de ver la factura de la luz, ahora quisiera ponerle dinamita a mi nuevo galpón, para que tenga una ventilación natural”, me comenta un productor, con ese ácido sentido del humor de los argentinos.