El paraíso cárnico chino, ¿alcanzará para todos?

El paraíso cárnico chino, ¿alcanzará para todos?

(Royalty Free Image | Rawpixel.com)

Próximo a cumplirse el primer aniversario del voraz brote de peste porcina africana (PPA) en China, se va aclarando el panorama de lo que muchos califican como un hito benéfico para el negocio avícola mundial. ¿Es hoy para tanto y para tantos?

Debo empezar con una confesión. En el 17 Encuentro Avícola del Pacífico, celebrado el mes pasado en la ciudad colombiana de Cali, el ministro de Agricultura, Andrés Valencia, dijo que propondrá la carne de pollo de ese país andino dentro de un nuevo convenio comercial con China, el cual sería anunciado a finales de julio o comienzo de agosto.

No le creí. La  verdad, sentí que soltó la frase en medio de una muy documentada exposición sobre los planes de su cartera para el campo, en la cual muy poco o nada había ciertamente para la avicultura comercial; una agroindustria acostumbrada a hacer su camino sola, o por lo menos sin que el gobierno estorbe demasiado.

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Pero hace unos días volví a escuchar lo mismo de otro alto funcionario: el ministro de Comercio Exterior, Juan Manuel Restrepo. Y sigo sin creer, aunque con un escepticismo menguado, por lo menos de cara a los beneficios indirectos de la necesidad cárnica china. A casi un año de los brotes catastróficos de PPA en Asia, Gonzalo Moreno, presidente ejecutivo de la gremial Fenavi, decía que los precios del pollo podrían por lo mismo repuntar internamente.

Esto es más realista, pues Colombia solo ha adelantado gestiones para su carne de cerdo y es muy probable que los chinos la acepten y haya un anuncio en la próxima visita oficial del presidente Iván Duque a su homólogo Xi Jinping del gigante asiático. Se han suplido varios requisitos como visitas de pares sanitarios, cosa que no ha pasado para el pollo. Funcionarios de la autoridad sanitaria ICA (Instituto Colombiano Agropecuario) me lo confirmaron.

Ahora bien, ¿qué tanta puede ser la bonanza para los productores de carne de pollo en Latinoamérica? La respuesta, como casi todo en economía, es un gran depende. Si haces parte de un país exportador extracontinental, mucho sería el beneficio. Si no exportas y tu gran competidor externo de esta proteína y cualquier otra de origen animal es Estados Unidos, no celebres todavía.

De los 11 millones de toneladas de pollo que se exportaron el año pasado en el mundo, una porción interesante la exportó Brasil hacia China. Estados Unidos no puede colocar un solo kilo de pollo en China desde 2015 por un brote de influenza aviar y lo mismo pasa para el cerdo, pues por cuenta de la guerra comercial desatada por Donald Trump, los porcicultores estadounidenses deben pagar un arancel del 62%.

Hoy los precios internos mayoristas del cerdo en Estados Unidos están registrando bajas históricas. Ni el pollo ni el cerdo gringo pueden ir a la fiesta china todavía. Y un gigante de estos con tanto inventario necesita colocarlo con urgencia donde sea. América Latina sigue siendo el destino inmediato, vía los tratados de libre comercio de la última década, con contrabando técnico o sin él.

Lo otro sería confiar en que dichos excedentes norteamericanos vayan a los actuales países que sí pueden exportar hacia China para tratar de bajar los precios internos. En Brasil, por ejemplo, el precio interno del cerdo se trepó 60% y el de pollo, 23%.

¿Y que ha pasado en otras partes de la región? En Perú, el pollo está barato y en Bolivia está repuntando (en ambos por efecto de la producción interna). En México, algunos cortes están disparados por una extraña mezcla de percepción de escasez y curiosa apatía importadora.

No quiero parecer aguafiestas, pero, en lo personal, luego de sumas y restas, el efecto real para los avicultores latinoamericanos no exportadores puede ser cero con el actual estado de cosas; lo que no deja de ser bueno frente a la perspectiva de números rojos o clara ralentización de comienzos de año.