Huevos sin jaula, ¿también vienen sucios?

Huevos sin jaula, ¿también vienen sucios?

Huevos sin jaula, ¿también vienen sucios?

La producción y el consumo de pollo en Panamá ha ido en constante crecimiento durante la última década, según nuevos datos de gremial avícola en dicho país. | Freeimages.com/dennis spelt

Esta tendencia en la producción avícola cuenta con varias entidades promotoras en América Latina, casi todas foráneas y algunas asociadas con prácticas que están cerca del vandalismo y el matoneo.

Este año, pese a haber agotado apenas su primer mes, no ha estado exento de anuncios en los que distintas empresas no avícolas con operación en nuestros países confirman su compromiso de abastecerse exclusivamente y dentro de poco con huevos puestos por gallinas libres de jaula.

Es tendencia en el llamado “primer mundo” y es de esperarse que estos lares se vayan poniendo a tono, casi siempre con entusiasmo y convicción. Por eso me llamó la atención que en un reciente pronunciamiento de esos que estoy hablando, la compañía compromisaria enunciara como acompañantes en su transición a dos entidades conocidas por entender y practicar de distintas maneras la defensa del bienestar animal.

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Primera aclaración: este será otro comentario que menciona el milagro, pero no el santo (en este caso, los santos). Una de esas organizaciones animalistas se ha ganado un buen nombre como asesora técnica, que trata de acompañar su mensaje con sustento científico y seducción ética. Válido. La otra es beligerante e incluso ha promovido acciones de boicot económico y desprestigio contra firmas reconocidas, por no asumir un compromiso similar o por demorarse demasiado en hacerlo, según criterio de estos revoltosos.

Segunda aclaración: en ningún momento estoy insinuando una acción coordinada entre unos y otros, algo así como una “combinación de todas las formas de lucha”; no lo creo ni quiero creerlo. Mi punto va a que si bien en algunos de nuestros países, como en México, se han dado ya expresiones violentas contra empresas por cuenta de animalistas extremos y los huevos libres de jaula, todavía estamos a tiempo para atajar esa mala práctica que podría prosperar en esta tierra de nadie en términos normativos sobre el bienestar animal y sus actores.

Amedrentamiento, no; convicción, sí. A falta de normas frente al tema y de un ejercicio de la autoridad más firme en nuestros países, seguirán coexistiendo de tú a tú ambas visiones de los defensores del bienestar animal. Cada uno es libre de creer lo que quiera; lo que no puede ser es que se trate de defender e imponer opiniones con amenazas, boicots o vandalismo.

Toda causa queda mal parada cuando se apoya en alguna expresión violenta; más si se trata de una supuesta cruzada que debería defenderse sola por cuenta de su cacareado peso moral.