Noticias desde el Norte para la avicultura regional

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¿Se sostendrá el legado sostenible de Hayes en Tyson? Hipotéticas lecciones de una noticia “Made in USA” que engañosamente parece lejana e intrascendente.

Sorprendente la salida de Tom Hayes del gigante conglomerado cárnico estadounidense Tyson Foods. Sorprendente porque fue designado CEO (presidente ejecutivo) en 2016 y apenas dos años después renuncia alegando “razones personales”; aquella excusa en la que cabe todo, hasta las razones no personales.

Pero mi idea no es especular (mucho) sobre lo que no se puede comprobar. Me centraré en lo que se sabe. Poco tiempo después de llegar a lo más alto de Tyson, Hayes y sus anuncios audaces fueron noticia más allá de la agroindustria y hasta merecieron portada en medios económicos tan prestigiosos como Bloomberg Business Week.

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¿Por qué tanta bulla? Su compromiso con la palabra de moda: sustentabilidad. Hayes creó dos cargos estratégicos, Chief Technology Officer (oficial de tecnología) y Chief Sustainability Officer (oficial de sustentabilidad)Además, oficializó una serie de metas que, aparte de buenos deseos, demandan fuertes inversiones que prácticamente reinventaban su modelo de negocio, persiguiendo fines loables que podrían ser redituados comercialmente más adelante.

¿De qué estoy hablando? De retirar antibióticos en todas sus marcas, de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 30 por ciento antes de 2030, de mejorar eficiencias en plantas y expandir la oferta de productos orgánicos, así como de “gestionar sustentablemente” dos millones de acres destinados a la producción de maíz para sus balanceados.

Pero el paroxismo al que Hayes buscaba llevar a los consumidores “responsables e hiperconectados” que nos aseguran los mercadotecnistas no les importa tanto el precio como trascender, no terminaba ahí. También dijo que se comprometía a mejorar el bienestar de sus empleados, mejorar el trato a los animales y, en ese mismo sentido, “fortalecer las marcas de Tyson que protegen el derecho de los animales a vivir una vida que valga la pena vivir”.

No sabemos qué pasó ni qué pasará con ese listado de buenos propósitos. El tiempo nos lo dirá. Mucho menos sabemos si ese inventario se estrelló con una inesperada realidad llamada Trump y sus guerras comerciales, que cerraron mercados para las exportaciones estadounidenses, incluidas las de alimentos.

O simplemente, con guerras comerciales o sin ellas, resultaron mal para el negocio. ¿Alguna lección que aprender de allí? Hasta que no se resuelvan tantos “quizás” o “de prontos”, difícil asegurarlo.

Solamente me atrevo a dejar esta pregunta por ahí, sin desconocer jamás que podemos ser mejores en tantas cosas: si apostar por lo que “pide el consumidor” no pareció funcionar donde dicen que existe tal “consumidor responsable”, ¿qué esperar en nuestros países donde la preocupación abrumadoramente mayoritaria es llevar al hogar proteína de calidad al menor precio posible?