Repaso al ‘déja vu’ de nuestra actualidad avícola

Repaso al ‘déja vu’ de nuestra actualidad avícola

Repaso al ‘déja vu’ de nuestra actualidad avícola

(Jesper Noer | FreeImages.com)

Seguir el pulso a la avicultura comercial de la región  no pocas veces es sinónimo de ver síntomas repetitivos del mismo problema: la arbitrariedad de normas que falsean el mercado.

Por estos días, saltó de nuevo a los titulares una noticia que cada vez causa menos impacto, pese a ser pintoresca y algo bizarra. El poderoso grupo brasileño JBS decide importar de Argentina y Paraguay maíz amarillo para alimentar a sus animales, pese a operar en el país que es despensa mundial y uno de los mayores productores y exportadores del grano.

Esta vez no fue por un ritmo frenético en las exportaciones brasileñas del cereal, que provoca cíclicamente cierta escasez interna; ahora la culpa la tienen los altos fletes del transporte terrestre que el gobierno obliga reconocer a los camioneros, sin importar la ley de oferta y demanda. Y no es el único caso.

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En Bolivia se vuelven a padecer las consecuencias de la sobreproducción de pollo; sus avicultores piden desesperadamente una solución al mismo gobierno que con planificación centralizada cierra la posibilidad de cultivos transgénicos, no aporta a la mejora del estatus sanitario pero sí exige un permiso para exportar, el cual se entrega luego de que el mismo gobierno se toma su tiempo para decidir si la demanda interna está asegurada.

Mientras tanto, el mercado está hecho un caos, los productores venden a pérdida y se dan codazos entre ellos. La culpa más reciente escuchada: las incubadoras venden demasiados pollitos de un día a un mercado interno apresado, donde, además, la informalidad pulula por negligencia oficial y no poca  “complicidad gremial”.

Un caso parecido, aunque extremo, es el de los avicultores dominicanos, quienes cedieron el control y manejo de su actividad al gobierno. Otra noticia recurrente es el de los productores argentinos de huevo, que no pierden oportunidad para pedir que se les cobre el mismo IVA (impuesto al valor agregado) de las otras proteínas, lo que tiene sentido. Para aplacarlos un poco, el presidente Macri logró hace poco un acuerdo sanitario con India para exportar ovoproductos.

En Panamá vuelven a quejarse de la excesiva importación de pollo estadounidense, pero el apetito de los canaleros por esta deliciosa carne no declina y todavía el negocio es rentable. En Honduras, no falta la semana con una noticia que anuncia el inminente permiso de las autoridades sanitarias de Estados Unidos para permitir el acceso del pollo catracho, una promesa que está cerca de cumplir 10 años (y nada más que eso).

Ya ni qué agregamos a la caricatura de Venezuela. Hasta yo me repito con este comentario cada cierto tiempo. No le sobrará razón al lector que sienta otro ‘déja vu’ cuando me lee, pero hay que decirlo; a ver si no tropezamos de nuevo con la misma piedra.

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