Eficiencia y rentabilidad en producir huevos: ¿se contraponen?

Eficiencia y rentabilidad en producir huevos: ¿se contraponen?

Uno pensaría que la eficiencia tiene una correlación positiva constante con la rentabilidad. Pero, veamos un caso. La industria productora de huevo en México se vio gravemente afectada con el brote de la influenza aviar H7N3 de 2012. Empero, como dice el dicho, “no hay mal que por bien no venga”. Hoy, a pesar de los pesares, los productores avícolas mexicanos de huevo viven buenos tiempos. El precio del huevo en México, el mercado de mayor consumo per cápita del mundo, es muy bueno. Aunque el año pasado, bajó ligeramente el consumo en casi dos unidades (de 352 a 350 huevos por persona), esta cifra está en franca recuperación. Los precios más bajos de las materias primas impulsan la bonanza, junto con la tecnificación de la industria. Se sabe que muchos productores, con mayores ingresos, están automatizando sus instalaciones, renovando o construyendo nuevas casetas o galpones de producción. Todo esto va a impulsar la eficiencia, pero ¿le conviene en este momento al productor ser más eficiente? Veamos.

Muchos en el mundo se sorprenden de la cantidad de huevos que consumimos los mexicanos, y muchos también se sorprenden que se produzca tanto y con relativa eficiencia, si se toma en cuenta que resta mucho por tecnificar a la industria. Pero no nada más eso. Hoy por hoy, con los problemas sanitarios que enfrentan zonas como Los Altos de Jalisco, que producen más del 55 por ciento del huevo en el país, hay compañías que con una producción en las gallinas apenas superior al 50 por ciento, son muy rentables.

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Uno se preguntaría: si fueran más eficientes ¿serían más rentables? Gente conocedora del medio dice que no, porque entonces inundarían el mercado de huevos, caería el precio en el mercado y bajarían enormemente las utilidades. En consecuencia, vendría una espiral hacia la despoblación y al vaciamiento de instalaciones.

Por el momento, los productores de huevo disfrutan de gallinas gordas (en analogía a las vacas gordas). Los que invierten en mejores instalaciones, cuando “enflaquen” las gallinas, les servirá para mantener la eficiencia. Y la rentabilidad.