¡Eliminemos el famoso mito de las hormonas en el pollo!

¡Eliminemos el famoso mito de las hormonas en el pollo!

(Marc Bruxelle | Shutterstock.com)

Prohibidas y comercialmente inexistentes en el mercado, las hormonas pululan en la mente del consumidor quizás por algunas viejas razones.

El uso de hormonas en la producción de pollo está prohibido, aunque el producto indique que no se usan. El Dr. Héctor Cervantes expuso en el Congreso Latinoamericano de Avicultura en Guadalajara, México, celebrado en septiembre de 2017, el impacto que la selección genética ha tenido en el desarrollo del pollo.

Del ave rústica, muy resistente, pero de muy bajo rendimiento de pechuga y de carne en 1957, pasamos en 1978 a un incremento del peso del 100 por ciento y para 2005 de casi un 400 por ciento. Quizás por estas diferencias, y también porque la gente ha escuchado que en la producción avícola se usan “promotores del crecimiento”, es que el público en general cree que se usan hormonas. No obstante, en la actualidad se considera que del 85 al 90 por ciento de la velocidad de crecimiento del pollo moderno se debe a la selección genética.

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“Del 85 al 90 por ciento de la velocidad de crecimiento del pollo moderno se debe a la selección genética”. 

Al principio, las aves tardaban 16 semanas en llegar a dos o tres libras. Tardaban tanto tiempo, que el ave desarrollaba características sexuales que eran adversas a la calidad de la carne y al contenido de grasa. Entonces, usaban implantes de estrógenos para mejorar la calidad de la carne y subir el contenido de grasa. Sin embargo, esta práctica está prohibida desde 1950.

Por otro lado, otra práctica que refuerza este mito es el uso de implantes hormonales en los bovinos de carne, que es muy común en Estados Unidos y lo cual genera problemas de exportación a Europa y otros lugares, así como el uso de la hormona somatotrópica en los bovinos de leche.

El mito, en el caso de los pollos, del uso de la hormona de crecimiento y de los estrógenos está reforzado, además, por los comentarios sin fundamentos de modelos, políticos, actores y actrices que, debido a que son figuras públicas, tienen un mayor impacto en el público. Aunado a esto, está la ignorancia de profesionales de la salud.

Otro refuerzo constante es la prensa sensacionalista y amarillista, los grupos de presión y la misma industria productora de pollo de engorde que en los empaques y campañas publicitarias comunica que no se usan hormonas.

El Dr. Nick Dale, de la Universidad de Georgia, recomienda tres puntos básicos:

  1. Evitar las polémicas
  2. Denigrar el concepto
  3. Demostrar que sería ridículo

Puntos clave a recordar para derrocar el mito de las hormonas:

  • Las hormonas proteicas (de aminoácidos y péptidos), como la insulina y la hormona del crecimiento, se tienen que inyectar.
  • Las hormonas proteicas no se pueden administrar en el alimento porque se digerirían como cualquier otra proteína.
  • Para que fuera efectiva la hormona del crecimiento (que es proteica), se tendría que inyectar diariamente.
  • Inyectar diariamente a un pollo con hormona del crecimiento durante 42 días costaría alrededor de US$144. El pollo se vende a un máximo de US$7.
  • Las hormonas lipídicas, como los esteroides, se desnaturalizan o inactivan con la cocción a una temperatura interna de 71°C (como es la práctica común).
  • El uso de hormonas en la producción avícola es ilegal desde 1950.
  • Fisiológicamente, una mujer sana produce cantidades muy superiores de hormonas que lo que podría contener un pollo.
  • El pollo, de manera natural, contiene las concentraciones más bajas de hormonas que otros alimentos comúnmente utilizados, como el aceite y la proteína de soya, las papas o la col (repollo).

Lea más en Industria Avicola Junio 2018.

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