Ponedoras en libertad, ¿y los pollos?

Ponedoras en libertad, ¿y los pollos?

A finales
de marzo, en la Business Conference de la International Egg Commission (IEC) de
Viena, Austria, se habló de muchos temas de la producción de las ponedoras y
del consumo del huevo. A la reunión asistieron muchos europeos, y supongo que
por ser precisamente en Europa, se habló profusamente de la situación de esta
parte de la industria avícola en el viejo continente.

En una
de las charlas, se cuestionó el por qué se habla tanto de la producción de
huevos de ponedoras en libertad (free
range
) o en jaulas enriquecidas, y no se habla (o se hace muy poco) de la
producción de pollos en libertad. Es más, las estrictas leyes de producción
europeas son sólo para la producción de huevo, leyes que están afectando
enormemente a la industria.

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Pero el
origen del problema va más adelante en la cadena: el consumidor. El consumidor lo
exigió y lo logró. El consumidor se identifica solamente con las “pobres”
gallinas enjauladas y ni se acuerda del pollo, en el sentido del método de
producción, aunque sí se acuerda de otras cosas, como lo que comen. El
consumidor se identifica con el supuesto sufrimiento y con el bienestar de la
gallina enjaulada, pero no tanto con el del pollo. Y es que creo yo que con
esto, paga sus culpas. Con esto se reivindica con la naturaleza, la ecología,
la sustentabilidad. Y además está a la moda. Esto lo hace ser trendy, salirse del mainstream para adentrarse un poco en lo hipster. Porque es muy trendy
comer huevos de gallinas free range,
que además sean orgánicos, sin antibióticos, de dietas vegetarianas y con soya
o maíz sin modificaciones genéticas. Y defender esta postura a capa y espada.

Pueden
ser orgánicos, pero ¿hay pechugas de pollos criados en libertad? ¿Leche de
vacas free range? ¿O carne de carne
de res o de cerdo de animales de establos o corrales enriquecidos?

Me
suena esto a moda. Me suena a que las ponedoras han sido el chivo expiatorio.