Tecnología, ¿solo “manjares” para el negocio avícola?

Tecnología, ¿solo “manjares” para el negocio avícola?

Tecnología, ¿solo “manjares” para el negocio avícola?

canjoena | BigStockPhoto.com

La cuarta revolución industrial —la de la web 4.0, big data e impresoras 3D, entre otros artilugios— también plantea amenazas para la avicultura tradicional.

No hay congreso, reunión, encuentro, jornada o simposio avícola en el que no se ponderen las grandes ventajas que trae para nuestra agroindustria (como a cualquier actividad humana) esta nueva fase de la sociedad de la información y el conocimiento en la que estamos imbuidos desde hace varios años.

Empezando por el internet de las cosas hasta los drones y robots que ayudan en las faenas de granja, está cambiando el negocio avícola desde hace más de una década y en América Latina esta tendencia imparable viene entrando con fuerza. Eso está muy bien; lo que no parece tanto es evitar reparar en las amenazas —y, por ende, en los retos— que trae emparejada toda “tecnología disruptiva”, como bien dicen en tanto foro.

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Para caer en la cuenta de esas piedrecillas en el puré, hay que probar un poco de lo que la misma web 4.0 ofrece. Esta semana, me encontré con dos noticias al respecto que solo pueden conectarse en clave de tecnología. Una, bastante obvia, hablaba de un emprendimiento catalán que con impresoras 3D se acerca mucho en textura, color y sabor a los alimentos cárnicos, como un filete de res o una pechuga de pollo.

Sin duda, otra herramienta para el movimiento vegano mundial, pues el material con el que se hacen tales impresiones son arroz, guisantes y algas marinas. Pero no es el único artilugio de última generación que vienen aplicando desde esa orilla.

Aprovechando programas para el análisis de big data (investigación en enormes bases de datos) y las políticas de open data (acceso público a la información), una organización animalista en Estados Unidos está cerca de obligar quizás al mayor comprador mundial de carne de pollo a que fuerce los cambios que desean en la cría de estas aves.

Y no lo hizo con su consabida cantinela: apeló al bolsillo de los contribuyentes y al sempiterno miedo a una pobre jubilación. Logró demostrar que grandes fondos de pensiones invierten en McDonald’s y que la acción de esta compañía caería si no cede en los pollos como lo hizo ya en antibióticos y ponedoras libres de jaula.

Prácticamente, es un ultimátum para la multinacional. Si no aprieta a sus proveedores de carne de pollo, los fondos se retirarían siguiendo recomendaciones gubernamentales. Big data y open data. Las posibilidades de casos similares son altas y la respuesta no puede ser otra que la transparencia en el manejo de la información, junto con unos eficientes protocolos de respuesta corporativa.

La tecnología eliminó los filtros y las mediaciones. El acceso a la información y las maneras para aprovecharla son infinitas, dependiendo de tantos intereses. No está lejano el día en que los consumidores puedan acceder, por ejemplo, a documentos oficiales de control sanitario sobre producción de alimentos, ya no solamente para el producto terminado y puesto en el comercio detallista.

La opacidad, entonces, no puede seguir siendo parte del negocio, y no es realidad virtual.