Huevos alternativos, más pasos fuera del cascarón

Huevos alternativos, más pasos fuera del cascarón

Huevos alternativos, más pasos fuera del cascarón

Las aves pasan una buena parte del día en el exterior, lo cual dificulta el desarrollo de la infraestructura. | Foto cortesía de Francisco Mayorga

Sin abandonar su carácter de nicho, la producción alternativa de huevos en la región muestra avances en algunos temas, como en la construcción de normativas propias y la consolidación de productores locales.

Algunos de los más “veteranos” avicultores dedicados a la producción alternativa de huevos en Latinoamérica apenas cuentan con 15 años en el ramo, lo que bien puede asimilarse a tener un negocio en plena adolescencia, con todos los atractivos y riesgos que eso significa.

“Hay un abanico de opciones y formas de producir, desde el famoso huevo o pollo de rancho, el libre pastoreo, el cage-free y el tope de gama, que es el orgánico”, dijo Francisco Mayorga, productor del estado de Jalisco, México. Según sus estimados, en Jalisco hay unas 35,000 aves que producen unos 15,000 huevos al día y en todo el país unas 250,000 aves en este modelo. Cabe aclarar que no existen estadísticas oficiales.

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En uno de los principales países productores de huevo, la producción alternativa todavía es muy incipiente, a pesar de varios anuncios corporativos de cambio al uso de huevo libre de jaulas. En realidad, todavía no hay una oferta consolidada, pues los grandes productores siguen sin incursionar en este modelo.

Una historia diferente se cuenta desde Colombia, otro de los grandes mercados regionales. Allí, la segunda productora tiene 85 por ciento de su producción libre de jaula y la certificó el año pasado. Se trata de Nutriavícola, con dos millones de huevos diarios generados por tres millones de ponedoras, casi todas en piso de galpón, la variedad más rentable de los llamados huevos alternativos, que lo son respecto a la producción en baterías de jaulas.

Ya otra cosa es producir con criterios de bienestar animal superiores como el campero (acceso al aire libre durante ciertas horas), el de pastoreo (mayor tiempo en campo abierto) y el orgánico (que no solo permite la salida de las gallinas, también tiene que ver con el no uso de algunos medicamentos y balanceados).

Desconfianza entre productores

“Un gran obstáculo que tenemos es que no nos ven bien, ni las autoridades ni las asociaciones de avicultores”, comentó Mayorga, “porque creen que contravenimos los principios básicos sanitarios y degradamos lo logrado con muchos años de esfuerzo”. Pero hay productores que quieren ser profesionales, no de traspatio.

Mayorga se considera un emprendedor y dijo que falta mucho cabildeo e interacción con la sociedad civil para desmitificar qué es lo que producen. Mientras tanto, en Jalisco están por terminar de formar la Asociación de Productores de Gallina Libre, la primera en México, por cuatro empresas, que va a ser referencia nacional.

Parte de ese recelo tiene que ver con la falta de definiciones normativas sobre las categorías de producción alternativa, asociadas a distintos grados de bienestar animal. Sergio Chávez González, saliente presidente ejecutivo de la Unión Nacional de Avicultores de México (UNA), aseguró que la agremiación da seguimiento a varios proyectos de ley que buscan ser tramitados en el Congreso.

“Estamos buscando el más viable, que pongan sobre la mesa los puntos de vista de la industria avícola y del sector pecuario en general”, dijo, compartiendo el punto de vista que en Colombia defiende la Federación Nacional de Avicultores (Fenavi). Lina Machado, vocera de programas técnicos del gremio avícola colombiano, reconoció que se trabaja en una norma nacional que deberá estar lista en diciembre de 2018.

“Lo hacemos con el Ministerio de Agricultura y el Instituto Colombiano Agropecuario, teniendo en cuenta las características del productor nacional y aceptando que todos los sistemas que tenemos en el país satisfacen el bienestar animal, con limitaciones en cada modelo”, afirmó.

Machado agregó que, de las 1,512 granjas de ponedoras comerciales colombianas, el 78 por ciento corresponde a piso y el 22 por ciento a baterías de jaula; aunque por volumen de producción se considera extraoficialmente que los huevos de gallinas en jaula todavía son el 75 por ciento de la producción nacional (unos 14,000 millones de unidades proyectadas).

El consumidor no sabe qué diferencia hay entre un huevo orgánico y un huevo comercial. | Foto cortesía de Francisco Mayorga

Confusión del consumidor

Todo apunta a que las nuevas normativas clarificarán las características de cada modelo y permitirán una coexistencia armónica, aunque competitiva, sobre todo de cara al consumidor final. Por lo menos ese es el mayor interés de los productores en cada uno de los países.

Para Mayorga, “todavía hay ignorancia, ya que el consumidor no sabe qué diferencia existe entre un huevo orgánico o un huevo comercial; sin duda, falta que se establezcan las reglas claras”.

Denunció que el etiquetado orgánico está tergiversado, “lo que es una competencia desleal para quienes en la industria hacemos las cosas bien. En este momento, es una laguna revuelta, pero se deben hacer reglas con diálogo, con participación de la sociedad, organismos gubernamentales, tiendas y certificadoras”, por lo cual pidió que su sector cuente con un asiento en la UNA “y se trabaje en equipo porque el impacto de las gallinas libres de jaula va a llegar a los supermercados mexicanos”.

A este panorama se suma el poco interés de los empresarios mexicanos del canal horeca (hoteles/restaurantes/cafeterías). “Es muy raro que en algún restaurante veas que en la carta diga huevo libre de jaulas o pollo orgánico”. Pero además, si se habla con los restauranteros “tampoco tienen interés, porque los comensales no lo solicitan”. Igualmente reconoce que “quizá mucha gente no puede pagar el huevo de producción alternativa”.

Aquí coincide con el punto de vista de Fenavi Colombia, que  tiene como prioridad garantizar la seguridad alimentaria de ese país, donde el 40 por ciento de la población son considerados pobres. “Para ellos, la ingesta promedio de huevos es de 190 (unidades), mientras que para los de mayores recursos es de 490; esa brecha no podemos reducirla con huevos más caros”, comentó Machado.

Otros intereses pendientes

La tendencia de huevos alternativos en el continente se ha aupado en los últimos tres años en la presión de grandes conglomerados que comercializan o tienen dentro de sus insumos a este alimento. Estas corporaciones, junto con algunas empresas locales, vienen suscribiendo compromisos públicos de pasarse totalmente a huevos libres de jaula para los próximos años, casi todas en 2025.

Se calcula que son más de 200 compañías de diverso tamaño en el mundo, incluyendo multinacionales o multilatinas, algunas de las cuales han sido asesoradas en nuestros países por organizaciones animalistas. Inclusive, ya operan tímidamente entidades foráneas certificadoras en bienestar animal.

Pero por obvios tiempos, este interés todavía no lo sienten los productores de huevo comercial ni alternativo. “He estado en algunas grandes empresas usuarias de huevo y francamente están más confundidos que nosotros: no saben qué es el huevo libre de jaulas”, recordó Mayorga.

Por otro lado, el acercamiento de grupos animalistas a los productores comerciales ha sido poco. En el caso de Proan, la empresa productora de huevo más grande de Latinoamérica, sí ha tenido acercamientos, a lo que respondieron que están listos para atender las necesidades del mercado. “Así hemos trabajado y no al revés”, señaló Alberto Romo, de Proan.

En el caso de El Calvario, el quinto productor más grande de Latinoamérica, nunca ha recibido visita alguna de estos grupos interesados. “Toman en cuenta a grupo de consumidores, de nichos muy reducidos”, dijo, por su parte, José Baltazar Jasso, gerente de producción de El Calvario.

En Colombia, Mario César Ocampo, gerente general de Nutriavícola, reconoció que sí se le han acercado y ya han logrado iniciar convenios con algunas empresas nacionales, todavía no con grandes multinacionales con operación en el país. Santa Reyes, el segundo productor de huevos alternativos en esta nación andina con cerca de 300,000 huevos diarios (entre libres de jaula y pastoreo), también reconoce contactos iniciales.

“Nos preguntan mucho por nuestros huevos libres de jaula, pero casi todos quieren que les ofrezcamos el mismo precio de los huevos comerciales y no podemos hacer eso. Tenemos costos de producción 16 por ciento mayores. Sin embargo, hay dos empresas que han entendido el tema y seguimos negociando”, afirmó Hernán Orjuela, directivo de Santa Reyes.


Preocupación académica

Para el productor Francisco Mayorga, “todo indica que en México prácticamente no existe formación profesional en sistemas alternativos de producción pecuaria, a excepción del Colegio de Posgraduados (Colpos) de Chapingo y la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, que tienen programas que cubren algo del tema. No hay en ninguna universidad privada (un curso) que imparta agronomía enfocada en agricultura orgánica. Tal vez en un menor nivel está Las Cañadas-Bosque de Niebla, en Veracruz. Se termina recurriendo al método de copiar y pegar sistemas desarrollados en otros países, como Canadá o Nueva Zelanda, que con el popurrí que tenemos de climas o topografía, no funciona”. En Colombia se destacan especializaciones en etología y bienestar animal en Uniagraria y Universidad Antonio Nariño. La Universidad CES realiza desde 2014 un simposio internacional bienal sobre el tema.


Opacidad como factor

Otro factor es que el productor comercial suele ser opaco en cuanto a sus sistemas de producción, fundamentándose en la bioseguridad. Esto, al final del día, juega en contra.

El asunto es que este es el combustible perfecto para la producción alternativa. La opacidad contribuye a la divulgación de videos y fotografías falsas que todos creen y creen que todos los productores son así. “Si yo me muriera, te diría qué valió la pena esto, para hacer más transparente la producción”.

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