Integración productiva avícola, ¿solamente en una vía?

Integración productiva avícola, ¿solamente en una vía?

Integración productiva avícola, ¿solamente en una vía?

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Avícolas metidas en el negocio de los concentrados, fabricantes de concentrados que se volvieron avicultores; también hay de ambos que ahora venden al detal pollo, huevos y derivados. ¿Por qué no se oye de alguno dedicado con éxito a sembrar granos?

“La integración productiva se hace siempre hacia adelante, nunca hacia atrás de la cadena”, me dijo hace unos años Mauricio Campillo, presidente de Solla, una de las mayores productoras de concentrados para animales en Colombia. En la última década, Solla compró una avícola de carne de pollo y abrió tiendas para vender al consumidor final productos cárnicos, entre otros movimientos interesantes y rentables.

Casos como este no son extraños en mi país ni en el resto de América Latina. Todos quieren cubrir bajo un propio paraguas las distintas etapas del negocio cárnico, aunque sigue habiendo un patito feo en esa cadena y es la producción del maíz y la soya que se necesitan para hacer el concentrado con que se nutren ponedoras y pollos. ¿Por qué?

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La respuesta inmediata es que no hace falta, pues estamos viviendo desde hace años en un mercado mundial de cereales y oleaginosas de bajo precio y abundante oferta. La inquietud a largo plazo es si podemos seguir respondiéndonos lo mismo. La FAO recomienda que todo país produzca al menos el 70 por ciento de sus alimentos para garantizar su seguridad alimentaria, propósito quimérico en estos tiempos de granos baratos.

Ni siquiera en Brasil, un gran exportador de maíz amarillo, los avicultores tienen asegurado su suministro. El año pasado tuvieron que importar una buena parte de este insumo desde sus vecinos de Mercosur, pues los maiceros decidieron aprovechar la devaluación vendiendo todo afuera. Hoy en Colombia hay 78,000 toneladas de este cereal producido en el país que nadie compra, a pesar de que se ofrece a 700,000 pesos (USD 235) tonelada, luego de bajar de unos 850,000 pesos iniciales (USD 287). Nada que competir con los USD 140 que cuesta traerlo de EUA, vía TLC.

En casi toda Latinoamérica, menos en Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), la avicultura depende en gran medida de maíz importado. El gobierno de Ecuador exigió la compra de este grano al productor local, lo cual impuso a la fuerza una suerte de integración “hacia atrás” en la mayores empresas avícolas. Sin llegar a extremos como el ecuatoriano, nuestros gobiernos deberían plantearse formas creativas y audaces de promover estos cultivos estratégicos.

Serviría una combinación de subsidios al almacenamiento, mejoramientos en logística con infraestructura pública, acceso a semillas más eficientes, más y mejores seguros agrícolas y cero impuestos a insumos. Todo podría ensayarse, menos volver a la receta cepalina en que el gobierno compraba el grano caro para luego venderlo barato. Hay que facilitar las cosas en los costos de producción y no en la comercialización, donde el estado ha demostrado que no es un buen gestor. Entonces, el mercado sabrá qué hacer.